Ciudad de México. 28 enero 2026. EnRédate Digital (Óskar Sosa).- En un país que atraviesa una nueva etapa de tensión política, reacomodos internos y una relación cada vez más áspera con Estados Unidos, la música popular vuelve a funcionar como termómetro social. No desde la consigna fácil, sino desde la persistencia cotidiana. En ese territorio se inscribe la trayectoria de Timo Pacheco, quien cumple veinte años de carrera artística no como efeméride, sino como acto de resistencia cultural.
El ska mexicano —género profundamente urbano, mestizo y migrante— nunca ha sido ajeno a la política. Surgido del cruce entre influencias jamaiquinas, británicas y latinoamericanas, el ska encontró en México una traducción propia, marcada por el barrio, la precariedad y la organización colectiva. En ese contexto, Pacheco se formó como fundador, guitarrista y compositor de Salón Victoria, una banda que entendió desde temprano que bailar también es una forma de posicionarse frente al mundo.
A lo largo de dos décadas, su trabajo ha dialogado con una realidad nacional atravesada por violencia estructural, desigualdad y dependencia económica, pero también por redes de solidaridad que sobreviven fuera de los discursos oficiales. Mientras la agenda pública se debate entre soberanía, migración y presiones externas provenientes del norte, el ska —y la obra de Pacheco en particular— recuerda que la identidad cultural no se negocia en tratados, se construye en comunidad.
Tras su salida de Salón Victoria, su paso por Los Victorios y el desarrollo de su carrera solista no implicaron un giro individualista, sino una reafirmación de principios: la música como trabajo colectivo, como memoria viva y como espacio de encuentro. En tiempos donde la cultura tiende a centralizarse, digitalizarse o diluirse en algoritmos, Pacheco ha insistido en el contacto directo, en el foro independiente y en la autogestión como postura política en sí misma.
Esta ética cobra especial relevancia en el momento actual. Mientras Estados Unidos redefine sus políticas migratorias y económicas con efectos directos sobre México, y mientras el discurso nacional oscila entre resistencia simbólica y dependencia real, el ska reaparece como lenguaje fronterizo, capaz de unir cuerpos, acentos y experiencias que el poder suele fragmentar. No es casual que el ska haya sido históricamente la banda sonora de migrantes, trabajadores y comunidades desplazadas.
El proyecto Bohemius, próximo a ver la luz, confirma esta lectura. Grabado en El Cantoral, sede de la Sociedad de Autores y Compositores de México, el material simboliza un gesto político: llevar la música nacida en el barrio a un espacio de legitimación institucional sin renunciar a su origen. No se trata de institucionalizar el ska, sino de reivindicarlo como obra autoral, como patrimonio vivo de la música popular mexicana.
La decisión de celebrar estos veinte años en el Multiforo Alicia no es menor. El Alicia ha sido, desde hace décadas, un espacio de resistencia cultural frente a la mercantilización del arte y la homogenización de los discursos. En un país donde los espacios independientes enfrentan censura, precarización y abandono institucional, el Alicia sigue funcionando como territorio autónomo, donde la música se mantiene ligada a la comunidad y no al mercado.
El cartel de Ska, Love & Friends, que reúne a Gallo Rojo y Segunda Gloria, refuerza esta postura. No es una suma de nombres para la foto, sino una declaración política de amistad, coherencia y trabajo colectivo. En un momento histórico donde el individualismo se presenta como única salida, la colaboración se convierte en un gesto profundamente subversivo.
Celebrar veinte años de Timo Pacheco no es, entonces, un ejercicio de nostalgia. Es reconocer la vigencia de una escena que ha sabido resistir gobiernos, modas, crisis económicas y presiones externas. Es afirmar que, frente a un contexto binacional marcado por la desigualdad y la exclusión, la cultura sigue siendo un espacio donde se ensayan otras formas de estar juntos.
Por eso, este viernes 14 de febrero a las 19:00 horas, la invitación es clara y necesaria: acudir al Multiforo Alicia, bailar, encontrarse y celebrar. No sólo a Timo Pacheco y sus veinte años de trayectoria, sino a una forma de hacer música que sigue defendiendo la dignidad del barrio, la autonomía cultural y la alegría como resistencia.
Porque mientras haya foros abiertos, cuerpos en movimiento y música compartida, la historia no se cierra.
Y este 14 de febrero, en el Alicia, el ska volverá a decir —con ritmo, sudor y comunidad— que sigue siendo territorio político.






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